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Lo que el tiempo nos dice

Una manera de utilizar los datos de series temporales es observar los cambios en la prescripción y consumo de medicamentos nuevos que demuestran su eficacia en ensa­yos clínicos, y ver si estos cambios se traducen en cambios en la incidencia de enfermedades, en una mejoría de su control o en una disminución de las complicaciones.

Hace unos años, autores españoles intentaron mostrar si una mayor utilización de bifosfonatos se asociaba con una disminución del número de fracturas. El estudio, que utilizaba el diseño de casos y controles anidado en una cohorte, no encontró, como se pretendía, una rebaja en el número de fracturas, si bien tampoco pudo demostrar lo contrario, ni siquiera el no efecto.

Con similar objetivo se ha publicado ahora, aunque ya estaba disponible desde septiembre del años pasado, un artículo donde se analiza si el aumento en las prescripciones de nuevos antidiabéticos frente a los clásicos se traduce en cambios en el control metabólico y en la incidencia de hipoglucemias en Estados Unidos.

Frente a los clásicos antidiabéticos, los nuevos basan sus argumentos de persuasión a los prescriptores, en disminuir complicaciones como el aumento de peso o las hipoglucemias, sin descartar  (menos evidente) mejor control de la glucemia. Para conocer más sobre estos aspectos del tratamiento, se analizaron las tendencias temporales en la utilización de medicamentos para reducir la glucosa, el control de la glucemia, y la tasa de hipoglucemia grave en pacientes con diabetes tipo 2 (DM2), con datos de pacientes atendidos por el servicio asegurador Medicare entre 2006 y 2013.

Los resultados manifiestan que se incrementó la utilización de metformina, de los inhibidores DPP-4 y de la insulina al tiempo que se reducían los tratamientos de sulfonilureas y tiazolidinedionas (glitazonas). Durante ese período temporal, el control glucémico, entendido como la proporción global de pacientes con hemoglobina glucosilada (HbA1C) inferior al 7%, disminuyó de manera ligera, pero significativa. La tasa global de hipoglucemia grave (aquella que requirió asistencia en el hospital) permaneció invariable en 1,3 por 100 personas y año desde 2006 hasta 2013.

La conclusión del estudio viene a reforzar la idea de que en este período de 8 años (seguramente corto para sus propósitos) se han producido cambios en la prescripción de los fármacos antidiabéticos entre los pacientes con DM2 de Estados Unidos.Estos cambios no se han reflejado en la mejora global del control glucémico ni en las tasas de hipoglucemias graves.

Y todo ello ha incrementado el gasto farmacéutico en más de un 60%

 

Publicado originalmente en AMF

Gliptinas ¿alternativas para la diabetes tipo 2?

Según un metanálisis publicado en el BMJ. Las Gliptinas son menos eficaces que la metformina en monoterapia, cuando se utiliza combinada con metformina presenta algunas ventajas y algunas desventajas en comparación con otras combinaciones.

Los inhibidores de la dipeptidil o DPP-4 (por ejemplo, Januvia, Onglyza, Trajenta), también conocidos como “gliptinas,” son hipoglicemiantes orales que aumentan los niveles de las incretinas, las cuales inhibe la liberación de glucagón y reducen los niveles de glucosa en sangre. Intentando ocupar un lugar en el cada vez más saturado panorama del tratamiento de la diabetes tipo 2. Los expertos señalan (por señalar que no quede), el gran protagonismo que están cobrando estos inhibidores de la DPP-4 a costa de las sulfonilureas.

En un meta-análisis que incluía a 14.000 adultos con diabetes tipo 2, los investigadores compararon gliptinas con metformina (8 ensayos en monoterapia) y, en combinación con metformina frente a otros hipoglucemiantes (11 ensayos terapia combinada).

En comparación con la monoterapia con metformina, el uso gliptinas confiere una menor reducción de la hemoglobina glucosilada-HbA 1c con una diferencia media, 0,2%, una mayor frecuencia de incapacidad para lograr niveles de HbA 1c  <7%, y una menor pérdida de peso (diferencia media, 1,5 kg ). Sin embargo, los pacientes que tomaban gliptinas tenían menos efectos adversos que conllevaran una suspensión del tratamiento que los que tomaban metformina. Todas las diferencias fueron estadísticamente significativas.

En uso combinado con metformina concomitante, las gliptinas eran menos eficaces en la reducción de la HbA 1c que las sulfonilureas, agonistas de péptido similar al glucagón-1 (GLP-1) o pioglitazona. Las Gliptinas produjeron una mayor pérdida de peso que una sulfonilurea o pioglitazona (diferencias de medias: 1,9 kg y 3,0 kg, respectivamente), pero menos pérdida de peso que un agonista de GLP-1 (diferencia media, 1,6 kg). Todas las diferencias fueron estadísticamente significativas. La hipoglucemia ocurrió con menos frecuencia con una gliptina más metformina que con una sulfonilurea más metformina.

AMFj2011;0(1):1

Las Gliptinas no son mejore que la metformina en pacientes con diabetes tipo 2.
Una sulfonilurea más metformina consigue un control glucémico un poco mejor que un gliptina más metformina, pero la combinación de esta última causa menos hipoglucemia y una mayor pérdida de peso. Nótese, sin embargo, la extraordinaria diferencia en los costes – alrededor de 40 dólares EE.UU. por año para la metformina o sulfonilurea contra $ 3000 por año por gliptinas. En España el gasto anual, a dosis máximas, por incretinas sería de 727,35 € (AMFj 2011;0(1):1)
Estos hallazgos deberían ayudar a los médicos en la adaptación de la farmacoterapia oral hipoglucemiante para los adultos con diabetes tipo 2.
Parte del texto traducido  y adaptado de Journal Watch