a friend with special knowledge

Cuando por primera vez leí Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, no sabía quién era John Steinbeck, su autor. Tampoco sabía que era  premio Nobel, y que había escrito novelas en las cuales se basaron películas tan conocidas como Al este del edén. Tenía que haberlo imaginado, solo alguien genial, es capaz de trasformar la complejidad del mundo artúrico en algo sencillo y atractivo.

En la introducción cuenta que quiso verter esta historia (La Morte  dArthur  de  Thomas Malory)  a la lengua llana de hoy para sus jóvenes hijos, y para otros hijos no tan jóvenes, “verter el significado de esas historias tal como fueron escritas, sin excluir ni añadir nada, quizá para competir con las  distorsiones del  cine y la historia, que  constituyen la única fuente  accesible para esos muchachos y para otros que se impacientan con la escritura de Malory y con el uso de palabras arcaicas”.

Por esa extraña admiración que surge en el lector por el buen autor, me convertí sin quererlo, la verdad es que si hubiera querido, en el joven amigo de un hombre del que apenas conocía nada, pero al que admiraba profundamente. Tenía mientras leía, un nuevo amigo, un amigo con un conocimiento especial capaz de transportarme  a un nuevo mundo, lejano y antiguo.

Por ese motivo fue un intenso placer descubrir en un blog dedicado al género epistolar  (Letters of Note reúne y ordena postales, telegramas, faxes y cartas fascinantes) una carta de John Steinbeck, a su nuevo médico de cabecera, que traduzco a continuación (con todas mis limitaciones y la ayuda de Mónica Lalanda)

-En 1964, tras la jubilación de su médico de cabecera, el nuevo médico solicitó al novelista de 62 años John Steinbeck, que   rellenase un cuestionario médico de rutina para su Historial Clínico. Steinbeck hizo exactamente eso, y al llegar a la última de sus muchas páginas, el autor de “Las uvas de la ira” descubrió un pequeño espacio en blanco reservado para “cualquier otro dato que considere que pueda ser de importancia.” En lugar de hacer eso, Steinbeck escribió una carta a su nuevo médico.

John Steinbeck murió cuatro años después.

Nueva York. 05 de marzo 1964

Querido Denny:

He estado rellenando mi historia mortal llamado pasaporte médico. Ahí está todo, el pasado y el futuro tan claro como las varices en las piernas de mi madre o las afecciones vasculares de mi padre. Hay algo en medicina que está siempre claro.La dirección y el final son fijos y el paciente nunca retrocede.

Se me ocurre que tan claro como este hecho, puede haber otros asuntos que se den por sentados y otros que se ignoren intencionalmente, o no.

Porque realmente…¿cuál es la razón para tener un médico?

Es un concepto muy reciente. Supongo que la razón actual desde el punto de vista del paciente es conseguir pasar por la vida con el menor dolor y confusión posible y morir limpia y decentemente. Pero hasta que esto pasa, se supone que el médico esta para escuchar las frustraciones y para atender a los diversos caprichos del sistema nervioso central.

Estoy interesado en esta teoría de desintegración que indica que a petición mía, usted me mantendrá en una dulce ignorancia de lo que me pase. Sé que en muchos casos es deseable, pero desde mi punto de vista, no puedo entenderlo.

¿Qué es lo que quiero de un médico?

Pues más que cualquier otra cosa, probablemente quiero un amigo con conocimientos especiales. Si Ud. nunca hubiera buceado y yo estuviera con usted, mi meta sería instruirlo en las profundidades y en los peligros, de lo agradable y lo maligno. Supongo que significa lo mismo. Estamos hechos  de tal forma que,  unos destellos nada sutiles  puede causar un pánico sin sentido, mientras que una traición secreta puede estar mordisqueándonos, sin darnos cuenta,  incluso en el más agradable éxtasis de las profundidades. Hay dos tipos de dolor, o más bien una serie de clases de dolores. Pienso especialmente en el dolor “enseñanza” que nos aconseja a no hacernos daño a nosotros mismos o en el dolor contrario, el dolor explosivo, que nos avisa de una desintegración lenta o rápida. Como no estamos cualificados, no sabemos la diferencia y, según me han dicho, incluso el experto pierde sus conocimientos cuando el problema lo tiene él mismo. Creo que si uno supiera la diferencia entre estos dos dolores, se prepararía de manera diferente.

Luego llega el aviso de la caída del telón. Siendo que el final de la obra es siempre el mismo, creo que pudiendo hacerlo, el protagonista debería tener derecho a decidir cómo quiere que sea su salida de escena, teniendo en cuenta a los que le sobreviven, que sean al fin y al cabo los únicos que importan.

Luego está la rutina diaria y siempre he considerado que esto es falso en la mayoría de la gente -la dieta, el ejercicio, las píldoras, el descanso, la evacuación. Probablemente sea cierto que el seguimiento cuidadoso de instrucciones aprendidas prolonga la vida, aunque esta no merezca la pena; sin embargo he observado que para cuando un sujeto necesita este tipo de consejos, está ya demasiado anclado en sus hábitos para aceptarlos. Bueno, quizás lo hará durante una temporada, pero pronto se abandonará otra vez y, quizás no sea mala cosa. Probablemente se tome sus pastillas y poco más; excepto cuando les entre el pánico, pues en ese caso, muchos hombres y mujeres se convierten en inválidos voluntarios y rápidamente se dan cuenta que les encanta serlo.

Por supuesto que me gusta engañarme a mí mismo, como el que más, pero no hasta el punto de que me parezca ridículo. Estoy tratando de ponerlo en perspectiva Denny, de modo que usted sepa lo que tiene entre manos.

Yo no pienso en el dolor como un castigo y lo voy a evitar todo lo que pueda. Por otro lado, para usar una experiencia común, prefiero sufrir el dolor rápido  y evanescente de la silla del dentista a la sensación desagradable de que se pase el efecto de la novocaína. En la mayoría de los casos, he sido capaz de separar lo que duele por miedo de lo que realmente duele.

Al informar sobre los efectos, soy razonablemente honesto. Es difícil recordar algún problema después de que ha pasado. Por último, no considero la enfermedad como una eminencia, y no entiendo cómo  la gente puede utilizarla para llamar la atención sobre sí mismos, ya que esas atenciones son casi siempre realizadas a regañadientes y llevadas a cabo de forma desagradable.

No me gusta la impotencia en los demás y en mí mismo, y esto es, con mucho, mi mayor temor ante la enfermedad. Créanme, yo no hablaría de todo esto, y de hecho nunca lo hago, si no fuera por la naturaleza de esta comunicación.

Probablemente no voy a cambiar mis hábitos a menos que me sienta obligado. No creo que en esto sea el único.

Finalmente, yo no soy religioso por lo que no tengo aprehensión por el más allá, ni esperanza de recompensa ni temor al castigo. No es una cuestión de creencia. Es lo que siento que es la verdad desde mi experiencia, la observación a partir de sensaciones simples.

En segundo lugar, he tenido una vida suficientemente larga como para no sentirme defraudado del tiempo que me quede.

En tercer lugar, he vivido muy plena y vivamente, y no hay posibilidad de un despertar cósmico.

En cuarto lugar, he tenido incluso más de lo que me correspondía de las cosas por las que los luchan los hombres: cosas materiales, honores y amor.

En quinto lugar, mi vida ha estado singularmente libre de enfermedad o accidente. En todo caso el bienestar ha inclinado la balanza mucho más que las enfermedades.

En sexto lugar, yo no vengo a Ud. como un hombre enfermo.

Oh! Sé que lo que es un sincope del corazón y me he desmayado dos veces en mi vida; también he tenido bloqueado un tramo de mi vesícula biliar un par de veces, pero en general estoy muy sano.  Y sé que lo estoy por que no he perdido la curiosidad. Y como he dicho antes, preferiría vivir más plenamente incluso si es menos tiempo.

Y ahora quiero añadir una última cosa que es imprescindible que usted sepa: Amo a Elaine más que a mí mismo. Su bienestar, comodidad y felicidad son más importantes que los míos. Llegaría a cualquier extremo para evitarle cualquier dolor o tristeza que no fuera necesaria para su propio beneficio.

Espero que esto le sea de algún valor.  Y ahora ya, sigamos a partir de aquí.

Suyo

John

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