ojos de carpintera

Como todos los domingos de ramos la gente de ese pueblo estrenaba vestidos. Coincidía, por  una obvia casualidad, con una especie de concurso que elegía a la señorita más bonita de la localidad. No tenía normas, ni jueces, pero si muchas candidatas: todas las niñas adolescentes que mostraban su belleza, con el objeto de convertirse, tras una lid virtual, en la más guapa de la villa. Ni que decir tiene que año si, y otro también, los vástagos femeninos de Doña Felisa, terrateniente propietaria por herencia y casamiento de la mayor parte de las tierras del pueblo, se llevaban el galardón. La belleza natural de esa familia se realzaba con nuevos y caros vestidos confeccionados para la ocasión en los mejores talleres de la provincia, e incluso de la capital. Pero ese año la cosa fue distinta, ese año concurría Azucena, la hija de José, el carpintero, huérfana de madre, cuya  claro atractivo infantil había transmutado con la pubertad en una belleza incuestionable. Su hermosura y un toque de sensualidad casi indecente, se acrecentaban con el primoroso vestido que su tía Leonor le había regalado. Leo era una modistilla que años atrás se tuvo que ir a Paris por un lio de faldas – las suyas- con uno de los sobrinos de Doña Felisa,  y que con el tiempo se convirtió en una reputada couturiere.

El veredicto fue unánime e inapelable: Azucena era la reina de ese año; cuando convecinas y amigas  -no sin cierta malicia- lo comentaron con Doña Felisa, esta con aires de suficiencia, exclamó: si, es preciosa y va bien arreglada,….. lástima que tenga ojos de carpintera.

Como a nuestra parcial latifundista, son muchos los que ven ojos de carpintera donde hay unos bellos ojos de color miel, solo por el simple hecho de que su portadora no coincide con su favorita. Algunos de igual forma ven distorsionados por intereses particulares o de una ideología concreta,  tanto los resultados de la investigación científica, como cualquier otra cosa relacionada con la profesión médica.

Es lo que se podría llamar, afección de los ojos de carpintera, cuyo síntoma principal es ser incapaz de reconocer los resultados de cualquier prueba científica cuando estos no coinciden con nuestros intereses, o se enfrentan a una ideología social y política férreamente enraizada.

Introducción a Ojos de carpintera publicada en el número de septiembre de la revista AMF-actualización en medicina de familia  del mes de septiembre de 2011

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