la consulta abierta y sus enemigos (II)

Los fines erróneos de la medicina y el uso incorrecto del conocimiento médico
En Los fines de la medicina (The Goals of Medicine) Traducción de la Fundación Grifols de “The Golas of Medicine” Hastings Center.

La autonomía y el bienestar social como fines médicos.
La medicina contemporánea ha experimentado en muchos países una gran evolución hacia un mayor reconocimiento del respeto que se debe a las personas; principio que se recoge en la mayoría de las declaraciones internacionales. Este respeto se ha entendido comúnmente, en su sentido más amplio, como un derecho a la autodeterminación, o autonomía, en la medicina y la asistencia sanitaria. En cierto modo, la medicina siempre ha tratado de fomentar algunas formas de autonomía, como en el caso de los discapacitados físicos o mentales, y en general, la salud de los individuos ha sido siempre una de sus preocupaciones básicas.

Pero ahora se argumenta que, en un sentido aún más amplio, la autonomía se debería considerar como fin en sí, quizás incluso como “fin supremo” de la medicina: la plena autodeterminación en el ejercicio de cada vida. ¿No es cierto que el fin ulterior de la buena salud es vivir una vida propia, con libertad de acción y sin las limitaciones que representa una enfermedad?

La salud tiene efectos positivos en la posibilidad de gozar de libertad, pero sería un error pensar que ésta última constituye un fin de la medicina. La salud es una condición necesaria para la autonomía, pero no suficiente, y la medicina no puede aportar esa suficiencia. Dado que muchas otras instituciones, como la educativa, fomentan esa libertad, resulta obvio que la medicina no es la más apropiada para promocionar ese bien, incluso aunque en ocasiones sus contribuciones al fomento de la autonomía sean decididamente valiosas.

El ámbito propio de la medicina es el bien del cuerpo y de la mente, y no el bien completo de la persona, al que sólo puede contribuir como un factor más, e incluso en ese caso, únicamente en determinados aspectos de la vida. La medicina se pone a sí misma en peligro si se considera un mero instrumento para ampliar las opciones y satisfacer los deseos individuales, e incita a que la sociedad la emplee con motivos que no guardan relación con la salud. En ocasiones, este uso podría ser aceptable, lo cual no implica convertir la actividad médica en un medio para la consecución de fines privados.

Del mismo modo que sería un error considerar la autonomía como un fin fundamental de la medicina, por su excesivo individualismo, lo mismo ocurre con el bienestar social, esta vez demasiado colectivo. Si el recuerdo del intento por parte de la eugenesia médica de servir a una visión pervertida de la sociedad no es suficiente aviso en sí, existen también otras razones para la precaución. La medicina no tiene la capacidad de determinar en qué consiste el bien general de la sociedad. Para desempeñar un papel general en la promoción del bienestar social más allá de la mejora de la salud de los ciudadanos, la medicina tendría que contar con la capacidad para definir ese bien general, para así determinar cuándo podría poner sus técnicas al servicio de fines sociales, o subordinadas a los mismos.

La medicina no dispone de dicha capacidad y, de permitir que la usaran de este modo, pondría en grave peligro tanto su integridad como sus fines propios. Una sociedad que emplee la medicina para eliminar sistemáticamente a los débiles o enfermos, para servir a fines políticos partidistas, para convertirse en sierva de la autoridad política, o incluso de la voluntad del pueblo, perdería igualmente su integridad e identidad propias.

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  1. Jesús Mª González

    Buen análisis. Pero si es un fin de la medicina recuperar la salud de los pacientes, y la salud es el bienestar físico, mental, social, laboral, espiritual y medio ambiental incluso, según concepciones mas recientes de la salud. El bienestar social no es arreglar la sociedad, es al individuo para que este viva sano en sociedad. Grano a grano, así la sociedad ella, mejorará, gracias a los médicos también, por supuesto, claro qué le médico primero se tiene que curar a si mismo.

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  2. dandindan

    Justo esta mañana participaba en un curso con Emerson Merthy, que hablaba como el efecto medicalizador cada vez más presente nos habilita como médicos a terminar opinando como expertos en sexualidad, en eduación y en todo lo que se tercie. Y a veces, con la mejor voluntad, de querer mejorar y fomentar el bienestar y la autonomía, pero claro… sin ser muy conscientes ni de los límites, ni incluso de los perjuicios que nuestra ambición transformadora puede conllevar…

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  3. baguiro

    El bienestar social excede de los logros de la medicina. Puede contribuir en la medida en que ayude a los individuos a sentirse bien.Sentirse bien un estado dificil de alcanzar de forma continuada y requiere de un aprendizaje y una práctica individual que hay que querer lograr.

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  4. marcos margarit

    El punto del artículo, y me imagino qué de Rafa por extensión, es que a lo mejor, de tanto preocuparnos de grandes cosa, no nos vayamos a olvidar de las cosas que los médicos hemos hecho siempre: a veces curar, la mayoría de las veces mitigar el sufrimiento y acompañar. el dar definiciones positivas de la salud tan grandilocuentes, suelen tener efectos secundarios no esperados, entre ellos la medicalozacion. a mi me gustaba más la definición negativa. la felicidad es algo que está más allá de la medicina, no lo dan las pastillas, y depende de cada uno.

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