La consulta abierta y sus enemigos (I)

En todas las encuestas, consultas, estudios y evaluaciones que se realizan sobre la atención primaria uno de los puntos mejor valorados de forma constante y repetida por parte de los pacientes es la relación con su médico de cabecera. Aparte de aspectos organizativos e ideológicos del sistema sanitario que le atiende, el paciente percibe que una adecuada relación con el profesional es lo más importante, de tal forma que valora el sistema sanitario en su conjunto de acuerdo a como le vaya en esta relación.

Este contrato que establece con su médico es un acuerdo en el que este se convierte en la principal ayuda del paciente en la lucha contra el problema de salud que le preocupa, ya desde el principio y de forma tacita el paciente asume que el médico va a hacer por él, lo que mejor pueda y sepa. Cuando el médico primero no puede realizar por si mismo todo lo que el paciente necesita, sabe que lo va derivar a donde mejor se pueda resolver el problema, y de esta forma el médico se convierte en algo así como el valedor del paciente en su discurrir por el intricado sistema sanitario.

El paciente lo cree y probablemente deba ser así. Cuando un paciente viene a consulta y nos pide nuestra opinión sobre cualquier tema relacionado con su salud en el que nosotros no estamos directamente implicados, no solo está pidiendo información, viene a nosotros porque somos SU médico. No el que más sabe, incluso puede que no sea el más empático, pero la persona enferma lo percibe, y lo necesita, como propio, y algo que es nuestro no puede hacernos daño.

Para realizar de la mejor manera esta especie de misión que tenemos que asumir queramos o no, el buen médico de familia lo quiere, el profesional necesita tres facultades imprescindibles: libertad, conocimiento y autoridad. Cualquier cosa que socave estas virtudes, que disminuya la capacidad del médico para cumplir su contrato con el paciente se convierte en un enemigo de la consulta abierta y por ende de la mejora de la salud del paciente.

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  1. Araceli

    Muy estimulante, aunque más parece un deseo (el “ambulata” como la Arcadia de la relación paciente/médico), que la realidad diaria: la espera, la visita rápida y si acaso, la palmadita en la espalda. Este deterioro de “lo público” en general, y de la sanidad en particular, es sangrante y deprimente, más en estos tiempos de incertidumbre ante el futuro, en los que más que nunca debemos apelar a la solidaridad y tender, al menos una mano amiga, y sobretodo saber escuchar.

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  2. Meme

    En la actualidad son muchos los estudios extraidos de la literatura científica basados en la evidencia con el fin de elaborar recomendaciones sustentadas por … bla bla bla….

    Lo que falta es sentido común y ganas para mejorar la comunicación médico paciente. Todos los médicos olvidan que también son pacientes. Hay cosas que no se aprenden en un curso y menos si luego no se aplican, perdón, implementan.

    Igual es la falta de tiempo entre consulta y consulta o el no ser capaces de reconocer que no tienen los conocimientos necesarios para resolver ciertas cuestiones y como solución hacer una recetita y como dice Araceli: palmadita en la espalda. Así es.

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  3. Santiago

    Cierto Rafa, y además hace falta valor, para saber mantenerse firme ante un riesgo no despreciable de agresividad, por parte de una minoría.

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