de por vida

Desde los tiempos del stugeron aka “las gotas del riego” se oye esta frase con machacona regularidad cuando uno pregunta a los pacientes  y… ¿cuánto tiempo le dijeron que tomara el tratamiento?

Tan frecuente era y es que en un momento dado uno empezó a sospechar que los especialistas de los ambulatorios eran agentes camuflados de El Ocaso.  Sabido es que lo único seguro que es “de por vida” es la cuota mensual del seguro de deceso de esta compañía aseguradora. Aparte de la afición a la infinidad temporal en el vademécum de nuestros colegas, lo que si es real es que en medicina sabemos poco sobre cuánto tiempo deben durar los tratamientos.

Según un editorial del BMJ para tomar decisiones basadas en la evidencia sobre una intervención determinada, los clínicos y los pacientes necesitan saber las respuestas a tres preguntas :

  • ¿Hace más bien que mal?
  • ¿La intensidad del tratamiento?
  • ¿Durante cuánto tiempo debe darse?

Toma de decisiones sobre la duración del tratamiento

Aprovechando un estudio publicado en la misma revista, que evalúa la duración del tratamiento con quetiapina tras un primer episodio de psicosis, esta editorial se plantea la tercera cuestión. Nos recuerda que tenemos pruebas de alta calidad sobre la eficacia de muchos tratamientos, pero en comparación, sabemos poco sobre la duración de estas intervenciones.  Tanto en procesos agudos, donde las duraciones estándar son bastantes más arbitrarias del que se piensa, hasta enfermedades crónicas donde los pacientes están expuestos a tratamientos durante meses, años o incluso década  por el simple hecho que no se sabe muy bien cuando hay que parar.

Para tomar decisiones informadas sobre la duración,  los ensayos clínicos donde se “ensaye” directamente la duración de la intervención, proporcionan la mejor evidencia. Pero este tipo de ensayos no son muy habituales con lo que los autores hacen una propuesta sobre el tipo de estudios que podemos utilizar para responder a las interrogantes sobre duración en ausencia de tales ensayos (ver tabla)

Las intervenciones realizadas por un tiempo demasiado corto pueden provocar resultados adversos prevenibles, como recaídas o recidivas. Si los tratamientos se dan durante demasiado tiempo los pacientes están en un riesgo innecesario de efectos adversos y se malgastan recursos.

Es por eso que la duración importa y por lo que el de por vida debería desterrarse del argot médico y de la cabeza de los pobres pacientes.

A no ser eso sí, que existan pruebas solidas con certeza manifiesta de que el tomar indefinidamente el fármaco sea más beneficioso que perjudicial

¿Conoce Ud. algún caso?

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  1. Fernando

    El otro día me llego un informe con un Sysadoa que lo debera tomar “permanentemente”. Era una persona de sesenta y tantos años. Manda narices. Algunos especialistas o son del Ocaso ó son de un Tribunal Penal de la dictadura….

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  2. Manuel Comesaña

    Es cosa sabida que lo único que es de por vida son los impuestos. Al respecto, le suelo decir a mis enfermos que también lo era el matrimonio pero ya ni eso. Me malicio que en ese “de por vida” de los pacientes hay un ansia de eternidad o, en todo caso, de larga vida aunque sea tomandose pastillas.

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