una vecindad como otra cualquiera

Como en el caso de los gatos, los médicos de atención primaria (aka familia) tenemos tres nombres distintos, el primero es el nombre familiar, el que la gente emplea cada día, como Pedro, Jaime o Bernardino, Víctor o Jonás, o Jorge, todos razonables nombres cotidianos. Pero además yo sostengo que un gato, perdón un médico tiene un nombre exclusivo del grupo del que forma parte, un nombre de tribu que lo diferencia, que marca su manera ideal de practicar la medicina y que  la vez descalifica al nombre y a la sustancia de las tribus vecinas. Es un nombre especial y más digno, de otro modo, ¿cómo podría mantener erguida su cola, o alardear de sus bigotes, o alimentar su orgullo?
Nombres de esa clase yo puedo sugerirles muchos desde Ciencius a Egolatrum pasando por RuberCurita, Pater Amantisimo o Preocupatus, no menos comunes son Marujonas, Quematus, Bocasusia o Maskatabacao,  sin olvidar a JetaMari, Bombalurina, o a simplemente Gilipipollas.

Pero además de esos nombres todavía queda otro, el nombre que  creíamos  que jamás lograríamos adivinar, el nombre que ninguna búsqueda humana podía descubrir,  EL QUE EL SOLO CONOCE, aunque nunca habrá de confesarlo.

Ahora gracias a la lectura detenida de algunos post del grupo antiburocracia hemos podido adivinarlo.

Cuando sorprendan a un médico de familia en intensa meditación, la causa, les advierto, es siempre la misma: su mente está entregada a la contemplación del pensamiento,

del pensamiento, del pensamiento de su nombre,

su inefable, efable,
efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único

PRINGAO

The Naming Of Cats by T. S. Eliot
The Naming of Cats is a difficult matter,
It isn’t just one of your holiday games;
You may think at first I’m as mad as a hatter
When I tell you, a cat must have THREE DIFFERENT NAMES.
First of all, there’s the name that the family use daily,
Such as Peter, Augustus, Alonzo or James,
Such as Victor or Jonathan, George or Bill Bailey–
All of them sensible everyday names.
There are fancier names if you think they sound sweeter,
Some for the gentlemen, some for the dames:
Such as Plato, Admetus, Electra, Demeter–
But all of them sensible everyday names.
But I tell you, a cat needs a name that’s particular,
A name that’s peculiar, and more dignified,
Else how can he keep up his tail perpendicular,
Or spread out his whiskers, or cherish his pride?
Of names of this kind, I can give you a quorum,
Such as Munkustrap, Quaxo, or Coricopat,
Such as Bombalurina, or else Jellylorum-
Names that never belong to more than one cat.
But above and beyond there’s still one name left over,
And that is the name that you never will guess;
The name that no human research can discover–
But THE CAT HIMSELF KNOWS, and will never confess.
When you notice a cat in profound meditation,
The reason, I tell you, is always the same:
His mind is engaged in a rapt contemplation
Of the thought, of the thought, of the thought of his name:
His ineffable effable
Effanineffable
Deep and inscrutable singular Nam

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