La baja alfabetización para la salud incrementa la mortalidad en adultos de más de 50 años

por Genís Carrasco autor de El paciente inteligente. Barcelona: Sello editorial, 2012.

La alfabetización en salud (healthcare literacy) se ha definido como “el grado que las personas tienen de obtener, procesar y entender la información básica sanitaria para utilizar los servicios y tomar decisiones adecuadas respecto a sus problemas de salud”. La baja alfabetización en salud se ha relacionado con un menor conocimiento de las enfermedades crónicas, una peor salud, tanto mental como física, el uso limitado los servicios preventivos y mayores tasas de hospitalización. Por estas razones, la Organización Mundial de la Salud y las organizaciones responsables de la salud pública en los Estados Unidos y Canadá habían identificado la educación sanitaria como un determinante importante de la salud de la población, pero hasta el momento ningún estudio había permitido establecer que los niveles bajos de educación sanitaria supusieran un riesgo intrínseco de morbimortalidad.

Sin embargo,  el panorama ha cambiado radicalmente con la publicación del estudio de Bostock et al. En su trabajo incluyeron 7.857 adultos mayores de 52 años que participaron en la segunda parte (2004-2005) del Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA, por sus siglas en inglés). La evolución de estos pacientes fue monitorizada hasta octubre de 2009. Durante el seguimiento se observaron 621 muertes: 321 (6,1%) en la categoría de alfabetización en salud alta, 143 (9,0%) en alfabetización media, y 157 (16,0%) en la categoría baja. Después de ajustar por edad y sexo, los grupos con alfabetización en salud baja y media se asociaron con un 75% y un 24% más de riesgo de mortalidad, respectivamente, en comparación con el de alfabetización en salud de alta.

La baja educación sanitaria también se asoció con un mayor prevalencia de síntomas depresivos, limitaciones físicas, y padecimientos crónicos, específicamente enfermedades del corazón, diabetes, accidente cerebrovascular y asma. El tabaquismo, la inactividad física y el alcoholismo también  se relacionaron significativamente con la baja alfabetización. Las puntuaciones más altas de alfabetización en salud se relacionaron con buenas habilidades cognitivas, incluyendo orientación, fluidez verbal y memoria.  La asociación entre la educación en  salud y mortalidad no varió significativamente en función de la edad, sexo, etnia, educación o enfermedades preexistentes (p> 0,05).

A pesar de que se desconocen las causas exactas de que la falta de alfabetización en salud empeore el pronóstico de los pacientes de más de 50 años, no cabe ninguna duda que los profesionales debemos incrementar nuestros esfuerzos  para mejorar la educación sanitaria de nuestros pacientes. Internet, las redes sociales y los medios de comunicación pueden ser herramientas, ahora imprescindibles, para conseguir ese objetivo prioritario.

También lo pueden ser publicaciones como Libro Blanco de los e-Pacientes o El paciente inteligente un manual del usuario de los servicios sanitarios públicos y privados que responde a la mayoría de preguntas que se hacen los ciudadanos cuando se enfrentan a un problema de salud en tiempos tan difíciles como los de la actual crisis global.

A pesar de las enormes dificultades que vive nuestro SNS y el desánimo que reina entre los profesionales, debemos esforzarnos para mejorar la educación sanitaria de nuestros pacientes y no flaquear en ello porque el éxito  no es más que  es el fracaso superado por la perseverancia.

El bálsamo del Tigre

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Respeta las dudas expresadas por los pacientes sobre sus medicamentos

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 El bálsamo del Tigre

El bálsamo del tigre: pomada a base de ingredientes herbales, de venta en farmacias

Roberto Sánchez.

Médico de familia. Madrid.

robertojosesan@yahoo.es

Era yo residente y rotaba en pediatría, en uno de los mejores hospitales pediátricos del país. Salió el catedrático y jefe de servicio en traje y corbata a exponer el caso. Se trataba de una niña china que había sufrido una quemadura corporal muy extensa por un mecanismo de acción que no recuerdo. Tenía importantes lesiones en la piel. Sus padres, que no hablaban castellano, acudieron a Urgencias. Nada más verla los profesionales opinaron que había que ingresarla. Los padres preguntaron acerca del tipo de tratamiento que se le iba a aplicar y les dijeron que habría que verlo, pero que sería médico y probablemente quirúrgico.

Entonces, los padres decidieron optar por pedir el alta voluntaria, ya que preferían tratarla conforme a los preceptos de la medicina china. Como la niña estaba grave, se procedió al ingreso por orden judicial.

Los padres insistían en que estaban en permanente contacto con médicos chinos y que el remedio que había de aplicársele era un producto que se denominaba “bálsamo del tigre”. Los días que siguieron fueron un infierno, con tiras y aflojas entre la familia y los médicos, mientras la niña permanecía ingresada. Las autoridades judiciales se pronunciaron acerca del obligatorio ingreso, pero no acerca del tratamiento, en una situación que dejaba desprotegidos a los profesionales frente a las insistencias de la familia. Se consiguió una traductora y los padres reiteraron el deseo de llevársela a su país, petición que fue denegada por parte de las autoridades judiciales. En el servicio correspondiente se había valorado el caso y se había decidido que se iba a comenzar con un desbridamiento quirúrgico en gran parte de la superficie cutánea, para permitir que la nueva piel que creciera mudara a la muerta y quemada.

Cuando se comunicó la decisión al padre, éste expresó su clara intención de suicidarse, porque la niña, según él, debía ser tratada con el bálsamo para poder salvarse.

El jefe de servicio, metiendo barriga y sacando pecho, cuando acabó de narrar los hechos objetivos dictaminó delante de los asistentes: “a mí si no me fuera nada en ello les diría: ahí tienen a la niña, hagan ustedes lo que quieran. Si se quieren ir a China, váyanse, si le quieren dar el bálsamo en vez de nuestro tratamiento, dénselo; mientras que a mí no me impliquen. Pero en el momento en que la niña está bajo la tutela judicial la responsabilidad es mía y el que se está jugando el pellejo no es sólo la niña, sino yo también, y se tiene que hacer lo que yo diga.”

Estaba una adjunta joven a su lado que había estado también en el equipo médico del caso. No había dicho nada en toda la exposición. Se abrió el coloquio y fue muy interesante, ya que había en la sala gente de la medicina y de la justicia. Al final de todo, la adjunta cogió el micro y pronunció unas palabras que todavía recuerdo, aunque hayan pasado dos o tres años de aquel día: “Yo sé que fue un caso difícil […] pero en aquellos días, hice un esfuerzo por ponerme en la piel (nunca mejor dicho) de los padres […] viviendo en un país diferente, sin entender su idioma […] viendo a su hija en esas condiciones […] Yo viajé el año pasado a China, por vacaciones, con mi hijo, que tiene cuatro años […] me imaginaba qué es lo que hubiera pasado si le hubiera entrado un dolor abdominal, le hubiéramos llevado a un hospital, nos hubieran dicho que tenía una apendicitis y que le iban a tratar con unos remedios naturales chinos y yo les hubiera dicho que me quería ir a mi país, porque yo no creía en ese tratamiento, yo sabía que la cirugía era lo óptimo y me hubieran dicho que por orden judicial estábamos obligados a acatar sus órdenes […] a lo mejor también les hubiera amenazado con suicidarme como el padre de la niña china.”

 Moraleja:

El manejo de situaciones en las que la voluntad del paciente y el criterio del médico difieren, en torno a un fármaco, son frecuentes en la consulta.

En vez de dejarnos superar por ellas, debemos verlas como una oportunidad de poder afianzar la relación médico-paciente. Ya no vale con echarle la culpa a la publicidad, a la televisión, a la industria farmacéutica, a la prensa, a la sociedad, a las peluqueras, a las marujas o a las vecinas.

Se exige una actuación firme, pero también flexible. En la adecuada combinación de ambas radica el éxito. Motivar cambios de conducta y cambios de opinión no es nada fácil. Pero ser médico de familia tampoco lo es. Del éxito en esas batallas se deducirá el éxito de nuestra práctica. Para lograr la “victoria” sobre el paciente se debe tener prestigio dentro de la comunidad, se debe saber empatizar, se debe haber tenido una relación médico-paciente a lo largo de un tiempo mínimo, se debe ser un gran comunicador y se debe tener algo de tiempo para conversar en consulta. No se trata de vencer, sino de convencer.

Es habitual que el paciente que se siente “arropado” por su médico no salga a buscar la salud fuera de la relación. Igual que la mujer que se siente satisfecha con su marido no tiene que buscar ninguna aventura fuera del matrimonio, y viceversa. Dicen los psicólogos que un método de éxito entre las enfermeras, para que el paciente durante una estancia hospitalaria no moleste mucho con llamadas innecesarias, es decirle el primer día: “Hola, fulano, soy mengana, su enfermera. Mire, con este botón siempre que nos necesite nos puede llamar. Llame cuando lo necesite, sea la hora que sea.” Si no se le dice nada, el paciente llamará mucho más, sólo porque le subyuga la inseguridad de que no haya nadie al otro lado si necesita algo.

Cuando me enfrento a esas situaciones, pienso que yo también tenía mis ideas sobre muchos aspectos de la Medicina y que cuando oía de algunos de mis compañeros planteamientos diferentes a los míos me sentía receloso de ellos. Andando el tiempo, leyendo, estudiando, me he dado cuenta de que tenían razón sobre algunas cosas. Pero he tardado años en verlo. Y eso que soy médico.

Ser médico de familia puede ser fácil o difícil. Hay aspectos del ejercicio, como la prescripción prudente, que parecen poco importantes o que no son “populares”. Pero ésas son las acciones genuinas del médico de familia. Si no lo hace él, no lo hace nadie.

Roberto Sánchez para Inicativa por una prescripción prudente

A no ser que en el documento figure lo contrario este trabajo se encuentra dentro de la Iniciativa para una Prescripción Prudente por Varios Autores sujeta a una licencia Creative Commons un Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported (CC BY-NC-SA 3.0)

Pastillas para no soñar

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No cedas de forma precipitada y poco crítica a las peticiones de los pacientes, especialmente con los medicamentos que conocen por la publicidad
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Pastillas para no soñar

Asunción Rosado López
Médico especialista de Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud San Andrés. Madrid
arosadox@gmail.com

Si lo que quieres es vivir cien años
no pruebes los licores del placer.
Si eres alérgico a los desengaños
olvídate de esa mujer.
Deja pasar la tentación
dile a esa chica que no llame más
y si protesta el corazón
en la farmacia puedes preguntar:
¿Tiene pastillas para no soñar?

Joaquín Sabina. 1992: De Física y Química

.15 de Noviembre. 9:00 h. Centro de Salud San Antolín, en la periferia de nuestra ciudad

Los pacientes comienzan a aglomerarse mientras el médico prepara sus cosas para iniciar la consulta.
Se toma su tiempo con cada uno de los asistentes, atiende sus demanda y comenta sus planes de estudio, tratamiento, etc.
Va pasando la mañana y lo que hasta ahora era paciencia, comprensión, charla y amabilidad comienza a brillar por su ausencia. Cada persona, con su drama o sus miserias a cuestas… nadie sonriendo y dando las gracias porque ya se encuentra mejor… El doctor no quiere apresurarse, quiere tomarse su tiempo, pero no es posible, uno detrás de otro, ¡rápido, que se acumulan en la sala de espera!

En ese punto álgido de la mañana acude, como semana sí semana no, la Sra. Carmen que, a sus 85 años, sigue conservando todo su “poderío”

- Doctor, vine la semana pasada y sigo igual. Claro, si me cojo este catarro tan grande y solo me da las pastillas que valen para todo -enseña un cartoncito de paracetamol-
“las de siempre” no voy a mejorar. Tengo una tos que me tiene acobardaíta, sí, ya sé que me dijo usted que me duraría unas semanas pero esto no puede ser!, me da hasta vergüenza ir por la calle. Así que quiero que me mande estas pastillas para la tos, que me ha dado mi vecina.

- Pero mire Carmen, usted no debe….

- No Doctor, me las tiene que dar porque no puede ser que esto se vaya a curar solo con el paracetamol y el médico de mi amiga se las dio y mano de santo

- Ya, pero tiene usted que tener en cuenta que…

- Doctor, que son solo unas pastillas para la tos, que yo no sé qué le pasa a usted que antes siempre nos mandaban de todo e incluso nos ponían inyecciones para el catarro y ahora se ha puesto de moda no recetar nada y eso, que parece que las tiene que pagar usted doctor, que ya que no me manda las de chupar de siempre por lo menos que me dé usted estas de mi amiga que si su médico se las dio que serán buenas y bla bla bla bla bla bla bla bla bla

El doctor, mirando disimuladamente su reloj:
– Mire Dña. Carmen, mire… déjelo. ¿Quiere usted las pastillas? Pues tome las pastillas!!!!!

5 de Diciembre a las 8:30 de la mañana; la primera, en la misma puerta de la consulta, Dña Carmen
– Perdone doctor, no tengo cita pero es que solo quería decirle una cosa… Verá… que ya le dijeron mis hijos que he estado ingresada… Que se me atascó el intestino, que casi me tienen que operar… Y que me han dicho en el hospital que probablemente fue por las pastillas para la tos… Lo siento, doctor, ojalá le hubiera hecho caso y no hubiera insistido tanto. La verdad, a veces nos fiamos más de lo que nos dicen por ahí que de los médicos… A mí ya no me volverá a pasar…
Al no estar en España autorizada la publicidad directa al consumidor un paciente nunca acudirá a nuestra consulta solicitando un medicamento que ha visto anunciado por la tele o en una revista. Existe sin embargo, otro tinglado que sustituye muy bien al publicitario y que es fruto de la idiosincrasia española: socializamos estupendamente nuestras enfermedades y achaques y somos muy dados a recomendar curas y remedios a nuestro prójimo con el único argumento de “que a mi me fue muy bien”. Pensamos que estamos dando un buen consejo sin pensar que ello pueda ser perjudicial o contraproducente.
La legislación sobre medicamentos, o mejor dicho su (escasa) aplicación, ayuda bastante ya que España era, hasta hace poco (y en muchos casos sigue siendo) uno de los pocos países donde puede conseguirse prácticamente cualquier medicamento sin la “obligatoria” receta médica.
Por otro lado y como prestación de nuestro sistema sanitario las medicinas son gratuitas para una parte importante de la población. El propio sistema, ha hecho al paciente consciente de sus derechos, pero olvidó señalar que recibir un determinado fármaco no es una cuestión de “derecho” sino de indicación terapéutica. El acto de la prescripción y la receta médica están degradados, regulado con objetivos de control y contabilidad del gasto, la carga de trabajo que ocasiona y la sinrazón de su mecánica, deprecian ese acto a un mero trámite burocrático. Se separa del acto clínico y esto conlleva que pacientes y médicos minimicen su importancia. No es de recibo que una parte importante de las consultas de los médicos de atención primaria sean todavía la repetición mecánica de recetas y tampoco es lógico que los pacientes acudan (o tengan que acudir) al médico con este único motivo.
Con estos mimbres no se puede hacer más que un cesto en el que el médico de familia cae sin remedio. Si uno se opone a extender la receta de un medicamento “muy eficaz” recomendado por la amiga experta, adelantado por el farmacéutico y avalado por la experiencia colectiva popular, necesita algo más que siete minutos de tiempo y la confianza del paciente para poder argumentar su negativa.
Se establece un círculo difícil de romper: el paciente toma muchos medicamentos porque se los prescribe un médico sobrecargado incapaz de discriminar y éste prescribe mucho porque piensa que es lo que sus pacientes esperan de él ya que no puede ofrecerles una atención de más calidad.
Para romperlo se necesita atacar algunas de las causas que se han expuesto y muchas cosas más, una de ellas se repite con asiduidad en los ambientes profesionales: la educación sanitaria de la población. Estamos de acuerdo ¿pero solo de la población? Puede que no sea suficiente, también se necesita que los médicos pasen un periodo de reeducación, o de desaprender –tan de moda hora- donde se recupere el verdadero sentido de esta importante pieza del acto médico, del valor de cada receta que extendemos, de las indicaciones de los medicamentos, de su beneficios pero también de su capacidad para crear problemas. En definitiva de una prescripción profesional y prudente.

Conclusión y Moraleja grafica:

Asunción Rosado López para iniciativa por una prescripción prudente.

Viñetas de Monica Lalanda. Foto: Cartoncillos aportados por una paciente.

Si quiere obtener las imágenes puede descargarlas directamente o bajarlos en un archivo ZIP aquí

A no ser que en el documento figure lo contrario este trabajo se encuentra dentro de la Iniciativa para una Prescripción Prudente por Varios Autores sujeta a una licencia Creative Commons un Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported (CC BY-NC-SA 3.0)

¿Libre elección?…..¿Mentira?

por Joaquín Morera Montes. Médico de familia

Tras más de un año desde que se implantó la libre elección en Madrid, en algunos centros, es más difícil el poder ejercer el derecho de cambio de médico de lo que lo era antes.

Aunque la idea está muy bien porque defiende un derecho clave de la atención sanitaria, la realidad exige una revisión en profundidad del modelo.

En el centro de salud donde trabajo intentar cambiar de médico es simplemente una utopía. La razón es muy simple, la media de pacientes asignados por cupo es muy superior a la “cifra umbral” que se ha considerado adecuada y a partir de la cual se puede rechazar la libre elección argumentando que no es recomendable la nueva asignación por exceso de cupo. Todos los cupos médicos, sin excepción, pasan con creces esta “cifra umbral” que en nuestro centro es de 2066, siendo el cupo con menos pacientes asignados de 2111 y el máximo de 2285 (cifras oficiales a 31 de agosto de 2011).

Esto lleva a situaciones tan increíbles como que un paciente que no está en  absoluto de acuerdo con el trato recibido por el médico (con razón o sin ella), solicita el cambio y se encuentra con que no ha sido aceptada su solicitud. Ha sido temporalmente atendido por otro médico, el que en principio eligió,  pero en uno o dos meses recibe una carta que le indica que sigue con el médico previo. Esto tiene mucha importancia si ha existido alguna discusión entre paciente y médico, encontrándose ambos en una situación totalmente desagradable y forzada que no ayuda nada a la relación paciente-medico, al establecimiento de las necesarias alianzas entre ambos, ni a una atención mínimamente correcta. Se ha dado el caso de cambiarse de médico porque no se le había concedido una incapacidad temporal (IT) por no considerarlo indicado, haber  solicitado el cambio de médico, ser atendido por otro facultativo que le atiende y le da la IT pero no lo acepta en su cupo y vuelve al médico previo con una IT que tiene que continuar aunque no esté de acuerdo con tal proceder. Esto puede pasar igual con un tratamiento, solicitud de pruebas, etc. En todos los casos se produce una situación realmente desagradable, cuando no conflictiva o incluso de riesgo.

Es cierto que al paciente le queda la opción de solicitar a otro facultativo, pero se convierte en un “rodador” que no será aceptado por nadie de forma definitiva. Por último, el paciente puede solicitar mediante instancia al altísimo (responsable en la Gerencia) el cambio, que será realizado de facto y sin que medie opinión de ningún facultativo, aunque la mayoría no conoce esta posibilidad.

Esta situación también va en contra del derecho de elección de cualquier ciudadano al conocer la opinión favorable sobre algún médico en concreto y el derecho a cambiar para ser atendido mejor según el criterio de quién elije.

En estas  circunstancias además es muy fácil caer en la selección adversa, es decir,  no elegir a los pacientes que se suponen conflictivos o a aquellos que puedan dar más trabajo (por ejemplo los que tengan patologías crónicas, pluripatológicos y mayores) y elegir sin embargo a aquellos que acuden muy poco y son jóvenes. Los cupos se llenan así de población que dan “poco trabajo”, quedando en un círculo de mala atención precisamente quienes más precisan de ella.

Como usuario y también como profesional  creo que, según está en este momento la libre elección, se está engañando y faltando al respeto de todos los implicados. El haber creado una normativa sin tener las herramientas adecuadas para que siempre pueda llevarse a cabo es una medida falsa que interrumpe los derechos que como ciudadanos tenemos y que curiosamente antes podíamos ejercer con mayores garantías. En estas circunstancias se convierte en una medida exclusivamente de propaganda política.

La única manera de que sea una medida real es teniendo los umbrales siempre en una cifra superior a la de la mayoría de los cupos, y en cualquier caso superior a la media del centro, teniendo en cuenta los óptimos que están establecidos para poder realizar una atención adecuada a las necesidades de la población (nunca más de 2000 pacientes para los cupos normales de medicina de familia, sin dispersión geográfica ni situaciones especiales). Y si no puede ser así será mejor dejarlo como estaba antes para que el médico no pueda rechazar por exceso de cupo. Aunque no es la mejor solución al menos será sincera, el paciente podrá ejercer sus derechos y los médicos mostraremos nuevamente que somos capaces de asumir esto y mucho más, pero sin pantomimas.

Esperando a Quí (2)

Una posible solución al problema que se planteaba en el anterior post es, como se indica en esta noticia compensar la perdida de tiempo de los pacientes con pagos en efectivo u otro tipo de prebendas.En España con un sistema sanitario gratuito con médicos asalariados difícilmente se podría aplicar,no obstante se podría retomar la idea y reconvertirla en algo eficaz para evitar este problema. Se ve con demasiada frecuencia en centros de salud y hospitales agendas de imposible cumplimiento o citas de varias personas a la misma hora o con minimos intervalos de diferencia. Bastaría con algún tipo de penalización de estas practicas para que acabaran o al menos se moderaran. Al fin y al cabo estamos viendo llegar nuestros trenes puntuales, una cosa inimaginable hace años.

A continuación consejos que da la CNN para ¿Qué hacer cuando tu médico te deja esperando?

1. Envía a tu médico una cuenta a pagar

Sigue el ejemplo de la factura que Farstad envío a un médico impuntual. Ella dice que en los últimos años ha cobrado a seis médicos que tenían más de 30 minutos de retraso, y la mitad de ellos ha pagado.

2. Encuentra un médico puntual

Busca recomendaciones de tus amigos. Si eres muy apegado a las rutinas y no quieres sacrificar calidad, puedes buscar incluso en el mismo hospital o hablar con los pacientes del mismo consultorio para saber si sus médicos también los hacen esperar.

3. Programa tu cita inteligentemente

Trata de reservar la primera cita después de la comida o la primera del día. Evita los días feriados si tu médico también trata a niños.

4. Menciona a los médicos en este artículo, a tu propio médico

Los médicos podrían pagar de forma preventiva si se enteran de que sus colegas están haciendo lo mismo.

5. Bloguea sobre lo impuntual que es tu médico

DeBronkart, quien bloguea como E-Patient Dave, escribió sobre su experiencia de espera de 45 minutos para conseguir una radiografía. Dice que posteriormente el jefe de práctica de radiología lo llamó y reconoció que tenían que cambiar la forma en que programaban a los pacientes.

Esperando a Quí

Gracias al twitter de @Joan_gene he seguido la polémica cadena epistolar publicada en La Vanguardia a raíz de la carta de una ciudadana que se quejaba del escaso respeto de los médicos por el tiempo de sus pacientes. La respuesta  profesional no se hizo esperar, e inciden en explicar los motivos por lo que las tradicionales esperas en las salas del mismo nombre, tienen causas lógicas y comprensibles.

Albert Espinosa autor de éxito, narra  en uno de su libros “El mundo amarillo” sus peripecias con el cáncer, los médicos y los hospitales, rememorando su etapa adolescente que prácticamente gasto en la planta de oncología infantil. Aunque lleno de humor y de vitalidad, Albert no olvida, lo cuenta en una entrevista en el periódico El Mundo, algunas cosas que no le gustaban, como el tiempo que le hacían esperar los profesionales de bata blanca. Es más, menciona que cuando va dar charlas a los médicos, lo primero que hace es llegar media hora tarde,” he esperado tanto a los médicos que me gusta que me esperen ahora un poquito

En Soy Julia, una niña con lisencefalia nos cuenta por boca- o mejor pluma- de su padre, el periodista Antonio Martínez como durante mucho tiempo pensó que el jefe del hospital que visitaba con frecuencia era el Dr Qui.  La que la frase que más oía, repetida por todo el mundo, era: esperen a Quí , más tarde descubrió que la autentica jefa del hospital era su madre.

El tiempo y su escasa importancia relativa, es un asunto aparentemente baladí que preocupa a los pacientes. A los profesionales menos, y solo sale a colación cuando se trata de defender  con argumentos tan tiernos como falsos, el escaso respeto que manifestamos al tiempo de los demás.

Es cierto, tenemos poco apreció al tiempo de los demás, pero también por el propio. El tiempo es un peaje de la sanidad pública a una atención por lo demás gratuita. En la sanidad privada es un invisible atributo de autoridad y prestigio.

Así está establecido y difícil será cambiarlo mientras no cambien otras cosas por mucho que ciudadanos con acrimonia, nos lo recuerden en las estimulantes cartas al director de los periódicos.

Solo un apunte de solución, la gestión adecuada del tiempo, es decir gestionar un bien escaso e importante. Si no se  prioriza y no se organiza el escaso tiempo de los profesionales se origina un tremendo problema. Problema que es consentido por los mismo médicos. La mayoría de las veces se necesita ayuda y apoyo de personal,  imposible de encontrar en la sanidad pública y menos en atención primaria. No es lo mismo esperar para un trámite administrativo, que para una operación a corazón abierto, desgraciadamente nuestro sistema sanitario en un afán igualitarista y funcionarial , considera a los dos actos iguales, y lo malo es que los médicos nos estamos contagiando y permitiendo que la gestión- inexistente- descanse en nuestros hombros.

Por ultimo recordar los sufridos pacientes que aguanten un poquito, forma parte del rito, al fin y al cabo hasta en Indiana Jones el brujo llegaba con retraso.

¿Por qué dejo que mis pacientes vean mis historias clínicas?

¿Por qué dejo que mis pacientes vean mis notas clínicas?

Douglas Iliff, MD.

Traducción de Why I Let My Patients See My Notes, publicado en Fam Pract Manag. 2011, 18 (3) :6-7.

Un estudio de 1,5 millones de dólares esta realizándose para determinar si esta práctica es una buena idea. Lo adelanto:  lo es .

La Fundación Robert Wood Johnson ha dedicado $ 1.5 millones para averiguar si es unabuena cosa, dar  la posibilidad a 25.000 pacientes de que accedan a  las notas escritas por los cien médicos de atención primaria que les atienden: Open Notes: Doctors and Patients Signing On. Yo puedo ofrecer una cierta perspectiva sobre este tema – gratis – sobre la base de alrededor de 125.000 consultas  con pacientes durante los 25 años como médico de atención primaria.

En primer lugar, algunos antecedentes

Como estudiante de medicina de primer año, tomé un curso obligatorio llamado “proceso clínico” “clinical process.” Se nos introdujo en el arte y la ciencia del tratamiento de los pacientes vivos, a diferencia de los cadáveres que eran hasta entonces nuestros habituales compañeros. Estoy seguro de que he aprendido mucho de la experiencia, pero la memoria selectiva es lo que es, sólo recuerdo tres cosas. Dos de ellas estaban equivocados.

Lo correcta, fue que la historia del paciente era mucho, mucho más importante que el examen físico. Eso me dejó atónito en ese momento, pero era bastante ingenuo ( por ejemplo yo pensaba que  el ombligo estaba “adentro” o “para afuera” depende de la forma en que se ato al nacer) Nuestro profesor, un internista de renombre, ya fallecido hace tiempo, nos enseñó correctamente que “Si se escucha al paciente, el te dirá lo que está mal. “

En cuanto a otras cosas que recuerdo que me enseñaron, la primera fue que un buen clínico debe mantener una distancia profesional con el paciente. Dar la mano a alguien o llamarle por su nombre amenaza nuestra autoridad, y hablar con los pacientes de anécdotas personales a modo de explicación o consuelo era simplemente inaceptable. Esto resultó ser pura mentira. San Pablo escribió a los Tesalonicenses, “Porque os amamos tanto,  tenemos el placer de compartir no sólo el evangelio de Dios sino también nuestras propias vidas”, y pensé que era un ejemplo bastante bueno. Como médico de familia excepcionalmente feliz y exitoso, no puedo imaginarme todos los días con una agenda  profesional repleta de extraños. ¿Qué clase de diversión es esta?

Y luego estaba la tontería acerca de la necesidad de que nunca, nunca dejáramos que el paciente vea mis apuntes. O los del  consultor. El choque podría provocar una apoplejía o hidropesía o consunción. Es esta concepción del proyecto “Open Notes” la que se está tratando de explorar. Voy a decirle lo que encontraran.

Mis experimento de 25 años

Desde el primer día que abrí mi consultorio en el año 1986, di a los pacientes un cuaderno de hojas sueltas con alrededor de 20 páginas de información médica general. Mi hoja de la historia clínica (de papel, por supuesto) se produjeron en papel NCR (es decir   “que no necesita carbón para copiarse”, para los jovezunos), y tenían tres perforaciones para que mis pacientes pudieran archivar una copia de cada nota que escribía sobre ellos . También les dábamos copias de cualquier otra cosa que ellos quisieran almacenar – informes del laboratorio, rayos X, e incluso consultas de especialistas. Nada que esconder. Sin secretos.

En  el artículo del Wall Street Journal  que describe el estudio “Open Notes”, se plantean  una serie de preguntas , tales como “¿hará esto recordar a los pacientes  con mayor precisión lo que se dice y hace en la consulta?” “¿Se asustaran los paciente si su médico especula por escrito sobre el cáncer o enfermedades del corazón? ” y  ¿Malinterpretaran los pacientes las  abreviaturas médicas, como SOB y OD? “(Personalmente, estoy sorprendido de que mi ER local es ahora el servicio de urgencias, pero eso no viene al caso.)  De 125.000 encuentros , puedo decir honestamente que no puedo recordar una sola ocasión en que alguna de estas cosas sucedieran. Por lo tanto, no creo  que “Open Notes” tenga estos  efectos  en los pacientes para bien o para mal.

Sin embargo, puedo predecir dos cosas que va a suceder, tan cierto como que el sol sale por el este.

En primer lugar, el intercambio de notas con los pacientes hace que los médicos sean más honestos. La historia clínica electrónica (EHR), con todas sus virtudes, está orientada principalmente hacia la defensa de negligencia y la justificación de los gastos. En el lado negativo, alienta la manipulación manipulando, a lo grande. Cuando mis pacientes son atendidos en un servicio de urgencia local obtengo seis páginas de notas enviadas por fax – por un dolor de garganta. No hay manera de que alguien en su sano juicio pregunte  o haga en realidad todas esas cosas. Cuando mi enfermera tuvo recientemente una intervención quirúrgica de cinco minutos, el informe de dos páginas que obtuve fue recibido con abucheos y gritos: “No me pregunto eso! Nunca me ha tocado ahi! “

Enviar  a su casa a los pacientes con una copia de lo que realmente escribo me mantiene honesto. Lo mismo sería válido para un servicio de urgencias, por supuesto.

En segundo lugar, genera confianza. Los pacientes a menudo tienen miedo. Una de las cosas que temen es que su médico no está actuando correctamente con ellos. Yo no voy a pretender que puse en mis notas cada pensamiento o el miedo que pasa por mi cabeza. Pero mis pacientes  alaban  mi honestidad: Lo que yo digo, quiero decir, y lo que escribí, es a lo que me refería.

La verdad tiene un enorme sub-producto. Se ahorra tiempo porque no tengo que probarme a mí mismo en cada encuentro con el paciente. Mis pacientes saben que les estoy dando lo mejor de mí, cada vez que me ven.  Se reducen las cuestiones que van directamente a sondear mi honestidad y sinceridad y no el problema  de salud en cuestión. Ahorrar tiempo significa ganar dinero, porque el tiempo es dinero para todos los trabajadores  – tanto si se cose prendas de vestir en Bangladesh o se ve pacientes en Topeka.

 El resultado final: Confíe en sus pacientes. Ellos le recompensaran con creces.

Acerca del autor Dr. Iliff es un médico de familia que trabaja solo en Topeka, Kansas Él es un ex miembro del Consejo de Redacción de FPM

1. Delbanco T, J Walker, Darer JD, et al. 1. Open notes: doctors and patients signing on. Ann Intern Med. 2010;153:121–125.

2. LandroL. What the doctor is really thinking. The Wall Street Journal. July 20, 2010.