libros, niños y evidencia

Uno de los tópicos típicos cuando se habla de la información médica en internet es la calidad de la información sanitaria presente en la red. En mi opinión es un debate estéril y en la dirección equivocada, mucho más cuando se concluye la necesidad de algún control, filtro o sello que evalué la calidad de esta información. Con toda probabilidad el prejuicio no documentado de la peligrosidad de pacientes buscando información en internet, es eso un prejuicio con escasa o nula evidencia, y esta si existe es más bien en contrario. Además la cuestión se plantea de de forma incompleta.

A la pregunta de si es fiable la información sanitaria en Internet, habría que añadir ¿con respecto a qué?  Si lo es con otros medios de comunicación tipo prensa o televisión se puede negar la mayor. Basta con darse un paseo por los kioscos o zapear un poquito por los programas matinales de la televisión española para darse cuenta que la paupérrima referencia de calidad que ofrecen estos medios. La información sanitaria en los medios de comunicación generales  no tiene mucha calidad y suele recoger todos los sesgos y equívocos populares sin la más mínima alternativa crítica. Incluso los suplementos específicos, de mayor calidad y cuidado, suelen reproducir un discurso médico de corte tradicional y conservador basado en la autoridad de los supuestos expertos, trufados de argumentos de corte medicalizador y en sintonía con los intereses de grandes grupos de presión  económicos o profesionales.

El problema de fiabilidad de la información médica y su presunta o no, peligrosidad cuando falta la calidad, no es por tanto un problema de Internet, sino de la propia información, de quien la transmite y de la deficiente formación de los que la reciben (health literacy ). Todas las fuentes de información sufren estos problemas e incluso fuentes tan aparentemente asépticas y destiladas como los libros de texto parece que no son muy fiables, como muestra un artículo publicado en la revista on line BMC Public Health y espléndidamente resumido en la revista secundaria Evidencias en Pediatría.

Con el titulo Are the health messages in schoolbooks based on scientific evidence? los autores del grupo de investigación Internet y Salud de Granada revisaron libros de texto

Credit: SINC

utilizados por alumnos de educación primaria y secundaria identificando en ellos más de mil mensajes sanitarios de los que analizaron unos ochocientos. Se entendió como mensaje sanitario o relacionado con la salud cualquier declaración, contenida dentro de un libro escolar, que incluyera información sobre temas de salud en forma de consejo o recomendación y cada mensaje fue analizado siguiendo estrategias y herramientas preconizadas por la medicina basa en la evidencia ( formulación pregunta- búsqueda y evaluación critica). Según el grado de evidencia que avalaba a cada mensaje se clasificaron en: mensaje con evidencia científica  de grado alto, medio o bajo, mensaje basado en evidencia sin nivel asignado y mensajes sin evidencia científica.

Los resultados mostraron que menos del 15% de los mensajes estaban basados en algún grado de evidencia conocido (alta, media o baja). Un 61% de los mensajes de salud analizados estaban basados en alguna evidencia científica, pero sin poderse especificar el grado de la misma y en un 24,6% de los mensajes analizados no existía evidencia científica que apoyara su contenido. Por temas específicos, un 41,7% de los mensajes sobre accidentes en el hogar, un 40,6% de los referidos a conducta sexual y SIDA y un 28,6% de los referidos a consumo de alcohol no estaban basados en evidencia alguna.

La conclusión no es baladí y es tan rotunda como que casi una cuarta parte de los mensajes de salud que contienen los libros de texto tienen un nivel de evidencia desconocido.

Hay que objetar que la búsqueda de evidencia fue algo chata (se realizó para cada pregunta una búsqueda con el metabuscador Trip Database y únicamente se consideró válida la información obtenida de las guías de práctica clínica y de las revisiones sistemáticas. Los autores del resumen afirman que las recomendaciones sanitarias dirigidas a la población general (y a la infancia-adolescencia en particular) deberían guiarse por los mismos parámetros que los profesionales. También reconocen que considerar válidas solamente revisiones y guías puede considerarse una simplificación excesiva en relación a la clasificación de la calidad de las pruebas científicas,  y esto puede haber contribuido al elevado porcentaje de “evidencia no clasificable” e incluso , y esto lo añado yo, a alto porcentaje de mensajes sin evidencia que los avale.

Personalmente creo que no se puede utilizar una sola fuente de información y un solo tipo documental (investigación secundaria) cuando el propósito es demostrar la evidencia que subyace a la emisión de un mensaje, o que sustenta una práctica habitual. Es muy importante diferenciar que ausencia de la evidencia, no es evidencia de la ausencia  y que cuando lo que se analiza son fuentes de información general o conceptos muy arraigados en la cultura popular sanitaria, la búsqueda debe ser exhaustiva y escrupulosa. Nos atreveríamos a decir incluso que la carga de la prueba debería ir por parte de los que deben mostrar su flaqueza o incertidumbre.

Las recomendaciones sobre salud presentes en los libros de texto deben basarse en las mejores pruebas disponibles,  a tal efecto deberían revisarse con carácter urgente por instituciones sanitarias y educativas, entre otras cosas para comprobar la validez de las afirmaciones de este estudio, de indudable valor por otro lado. Sin olvidarse que aparte de la exactitud científica del mensaje, son necesarias también otras propiedades como la legibilidad y la adecuación a la población a la que van dirigidas.

Médicaments : priorité à l’intérêt des patients et à la santé publique

Prescrire, uno de los Boletines decanos de la ISDB  ( Sociedad Internacional de Boletines de Medicamentos independientes) que hace unos pocos días fue noticia por la demanda del laboratorio Astellas Pharma, ha elaborado un documento de propuestas como repuesta a su  participación en la conferencia nacional de Francia sobre política de medicamentos iniciada a raíz del escándalo en este pais del Mediator  (benfluorex).

Las propuestas son:

  • Criterios más estrictos para la autorización de comercialización
  • Financiación pública para la educación continua y la información sobre medicamentos
  • Fortalecer la competencia por parte de los organismos reguladores  y otras autoridades  en relación con los medicamentos
  • Mejorar y generalizar la transparencia entre  las agencias reguladoras y otros  organismos oficiales relacionados  medicamentos
  • Farmacovigilancia proactiva  y robusta
  • Formación inicial de los profesionales de la salud libre de la influencia de la industria
  • Educación continua o profesionales de la salud verdaderamente enfocada a mejorar las prácticas
  • La información de calidad para el público en general, para fomentar la toma conjunta de decisiones entre  pacientes y profesionales de la salud
  • El interés de los pacientes en primer lugar de la práctica profesional

Traducción resumida de Traducción de Martín Cañás Seguir leyendo

clásicos populares y médicos (de) esclavos

Como en otros muchos casos, con respecto a la salud la sociedad mantiene una especie de inteligencia colectiva formada  por creencias y acuerdos implícitos que dirigen el comportamiento individual. Cuando como ayer, una chica joven y sana me pide unos análisis -que sean completos- y esgrime como única razón “que hace mucho tiempo que no se los hace”. Su demanda, aparte que la haga como más o menos (im) pertinencia, está proyectando una creencia socialmente aceptada y generalizada, la de que la realización de esta prueba diagnóstica conllevara una mejora de la salud.

Las modificaciones de actitudes y hábitos que conllevan estos “estados de opinión” puedes ser beneficiosas (la “intolerancia” al tabaco), perjudiciales (la terapia hormonal sustitutiva o postura al dormir para los bebes) o indeterminadas, es decir que no sabemos si son beneficiosas o perjudiciales o neutras ( como la moderna manía de la hidratación continua). En otras ocasiones, una creencia bien fundada arrastra resultados catastróficos o resultados adversos inesperados, cuando se extiende fuera del ámbito donde se origino (cinturón de seguridad y sillas de niños en los coches)

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Benéficas o no, estas creencias colectivas no se conforman de manera espontanea o gratuitamente, en su génesis tenemos gran parte- por no decir toda- de culpa los profesionales sanitarios. Bien por indicación directa, bien por la observación repetida de nuestras conductas, los pacientes y por extensión la sociedad de la que forman parte “aprenden” lo que se debe hacer y lo que no. Ítem más, si se ve reforzado por opiniones repetidas y difundidas de supuestos especialistas desinteresados. Muchas especialidades médicas se esfuerzan en repetir el éxito de los ginecólogos con la revisión anual. Así vemos que hay que revisarse la vista, hacerse mirar la piel, tocarse los dientes, tomarse la tensión y el colesterol, hacerse lo de la próstata, obtener una mamografía y la prueba de los huesos y…. muchas cosa más,  todo ello periódicamente con un intervalo sometido al albur de los expertos, aunque lo más común es la cifra redonda del año.

De nada vale explicarle a nuestra paciente que hacerse un análisis de sangre o una “revisión anual” no es necesaria, ni siquiera obligatoria, ella está convencida y tiene detrás mucho conocimiento social acumulado sobre lo necesario de esta petición. Es infructuoso explicar a un paciente adulto que no necesita un Urbason “pinchado”, cuando sistemáticamente le han puesto uno cada vez que acudía a urgencias. Curiosamente las recomendaciones tienen más éxito, o al menos así lo parece, cuanto más carecen de evidencia científica o cuanto más desafortunadas o estrafalarias son.

Es difícil actuar en contra de estas creencias que además como Gizmo se reproducen con facilidad. Con la misma facilidad aparecen, se transforman en malignas y a veces desaparecen. Difícil pero no imposible, desde atención primaria, y con aliados, hemos luchado con éxito  contra las gotas del riego, la aspirina, el uso indiscriminado de antibióticos, las revisiones extemporáneas, etc . Eso sí eran tiempos en los que los médicos de cabecera teníamos algo de autoestima y tiempo (Hoy > 40 pacientes y eso que estamos en verano). Ahora, convertidos en burócratas estresados y sin tiempo difícilmente podremos luchar contra los nuevas quimeras como la “gastroprotección”, los alimentos medicamento, las píldoras sexuales, la soplapoyez de la hidratación, los huesos blandos, la antiagregación perpetua, los fármacos especializados, el sobre tratamiento del dolor y so on…………………….

Pd: por un error no se han editado los enlaces, lo corregire

cuidados paliativos

CERRADAS LAS SOLICITUDES

Si eres médico de atención primaria y quieres colaborar en un proyecto financiado por el Fondo de Investigación Sanitaria- FIS (2007-2009)  PI070515, y el Hospital de la Ribera, cuyo objetivo es valorar el impacto práctico de un programa de Educación Online en Cuidados Paliativos dirigido a Médicos de Atención Primaria.

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ver y protocolos

La fibrilación auricular es la arritmia cardíaca más frecuente, a su prevalencia se une la gravedad, ya que su presencia aporta un riesgo cinco veces superior de experimentar un accidente cerebrovascular. Los anticoagulantes son eficaces aliados para reducir este riesgo, el necesario control de la anticoagulación se logra si a la facilidad de medir la INR con aparatos portátiles se le añade un protocolo de tratamiento  estandarizado,  como  muestra  un estudio realizado en medicina de familia, donde se midió el número de veces que se realizaba el control y el número de visitas en que la INR estaba entre los niveles definidos como deseables.  Otra  forma  de  aumentar  el  control,  al  menos  en determinados grupos de pacientes, es proporcionar un calendario visual, de la dosificación recomendada, según muestra un ensayo clínico aleatorizado  publicado hace unos meses en una revista relacionada con el concepto en alza de seguridad del paciente